Nuestro actual proyecto surge de cara a la realidad nacional e internacional y condicionado por
ella, se basa en principios y valores que guían nuestra aspiración de aportar en la construcción
de una sociedad justa, igualitaria y libre. Ratificamos nuestra actitud de rebeldía ante el sistema
instaurado durante el régimen militar y perfeccionado por los gobiernos civiles a partir de 1989.
Los errores reconocidos por la organización en el pasado no invalidaron nuestros objetivos en la
lucha, más bien nuestro deber fue rectificarlos para así caminar hacia las transformaciones
sociales que tantas generaciones han aspirado. Manifestamos que existe el contingente humano
para avanzar; tenemos la voluntad, la moral y la consecuencia revolucionaria. No ha sido en vano tanta vida ofrecida por la dignidad y la libertad de nuestro pueblo.
Es el Primer Congreso donde se ratifica el nuevo proyecto político del FPMR (año 2003), que es la culminación de un proceso que se rigió por las siguientes ideas y principios:
1.- La necesidad del instrumento político y del proyecto de clase para la transformación social.
2.- La construcción de un Movimiento Popular que encabece una propuesta de cambios radicales a nivel nacional.
3.- La necesidad de la Revolución y el Socialismo
Necesidad de la Organización Revolucionaria y del Proyecto Político
Fue en noviembre del 2003 cuando un grupo de delegados, militantes rodriguistas de todo el país, de cada territorio o zona donde el Frente se desarrolla y construye, manteniendo medidas de aseguramiento necesarias en el marco de la democracia de los ricos, se prestaron a resolver un hecho histórico en la vida del FPMR: sancionar su Proyecto Político, una nueva Estructura Orgánica, así como la implementación de una Política de Masas y una Línea Militar para el periodo. Ello fue entre otras cosas, producto de un ejercicio metodológico que sostuvo como premisa, que el Proyecto Político no era una actividad académica ni simple ejercicio teórico, sino un proceso de edificación política que comprendía la construcción de Proyecto y de Sujeto social como fenómenos simultáneos y dialécticos.
De ahí que una vez finalizado el Proceso de Discusión Interna PDI en el año 1996, que sintetizaba la voluntad de acerar un instrumento que permitiese desarrollar una opción verdaderamente revolucionaria para Chile, se destinaron todos los esfuerzos con el objetivo de crear las condiciones militantes, ideológicas, orgánicas y sociales elementales para dar este estratégico salto. Para el FPMR el avance del proyecto implicaba a la vez una necesaria recomposición de los actores políticos y sociales en cantidad y calidad, un salto en el campo teórico y en la concepción como condición y a la vez como efecto del avance en campo de la construcción popular.
Lo que ha enseñado el combate de los pueblos durante todos estos años de resistencia al sistema Capitalista en el mundo, es que los revolucionarios y los sectores populares que luchan por una verdadera transformación social, no pueden ni deben prescindir de un instrumento político organizador. Lo fundamental de la organización política son sus hombres y mujeres, sus contenidos, su proyecto, su táctica y estrategia, es decir una bitácora que organice los esfuerzos de construcción y articulación de diversas fuerzas sociales bajo una propuesta de carácter revolucionaria y nacional.
La importancia de la teoría y un proyecto político concreto y consecuente tras una década de dispersión y eclecticismo es crucial para la construcción de una alternativa popular, no debemos nunca olvidar que sin «teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario», nos decía Lenin en el umbral del Siglo XX.
La espontaneidad, el basismo y el movimientismo que proliferaron en la década de los noventa del siglo XX y que negaban el papel de la organización política, están en la actualidad absolutamente desprestigiados, y lo que es peor, sus expresiones orgánicas en franca dispersión y sus lideres cooptados por el sistema. La supuesta contraposición entre movimiento social y organización política sólo benefició a la clase dominante, la que previendo el potencial revolucionario de las organizaciones sociales, se preocupó de inculcar en ellas por múltiples vías, el escepticismo y la desconfianza en la política y su trasfondo. La pretendida contraposición entre los llamados movimientos sociales y los partidos políticos, sólo puede existir como problema teórico con base objetiva, cuando el partido en cuestión lo es en el sentido burgués del termino, es decir, un aparato organizativo en el cual las personas que tienen participación en el juego político, defienden intereses de las orgánicas, sectores o clases sociales afines al sistema. Un partido u organización política cuyo objetivo es transformar la sociedad sobre la base de acabar con la explotación y la opresión en todas sus formas, no puede tener ninguna contradicción de fondo con una organización social genuina.
Necesidad de Movimiento Popular y de un Proyecto de País sin Capitalismo
Pensar y Luchar por el país que queremos, dar respuesta a las problemáticas del hoy, irrumpir desde la contradicciones sociales que se expresan en la cotidianidad, en el diario vivir de la compañera que mantiene su hogar, del trabajador, del joven, del poblador, de personas con nombre y apellidos, personas concretas, conocibles, con afectos, llenos de virtudes y también llenos defectos, es y será el sustento obligatorio e indispensable para la construcción de un movimiento popular real y no en abstracto, colmado de contradicciones y complejidades.
Es momento que los revolucionarios nos situemos en el centro de los conflictos sociales. Asumamos la responsabilidad de proponer y construir un proyecto de país posible, alcanzable, realizable, que los sectores populares puedan tocar, hacer suyo y que les permita ponerse de pie y luchar.
Punto de partida de esta construcción es el nivel básico y primario de conciencia social, el punto de llegada una responsabilidad de la organización política revolucionaria, situando al pueblo en el campo de la lucha de clases.
El organizarse por las demandas populares, el defender la soberanía nacional, el luchar por la gratuidad de la salud, la educación, el derecho al trabajo, la vivienda, la industrialización de nuestro país serán entre otras cosas los soportes esenciales para la construcción del movimiento popular de esta etapa, el que tendrá que encabezar la lucha por la transformación social, política y económica del país. En definitiva, construir las bases del SOCIALISMO desde hoy.
Necesidad de la lucha Nacional, la Revolución y el Socialismo
La única alternativa realista y posible sigue siendo el socialismo. Sin embargo, el socialismo en nuestro país como en América Latina tiene su especificidad: la reversión o superación del subdesarrollo, donde la industrialización del país se hace urgente para poder vislumbrar la nueva sociedad. Es decir, el socialismo que en los países desarrollados tendrá una función principalmente ligada a organizar las fuerzas productivas en el marco del gran desarrollo científico técnico, en Chile y otros países latinoamericanos se liga a las grandes tareas nacionales. Este hecho que puede parecer poco significativo, es en realidad unos de los rasgos más trascendental y novedoso del actual momento histórico. Ya que el carácter neo colonial del Estado en esta etapa -una manifestación más de la contradicción principal del periodo, «Neoliberalismo» versus lo Nacional-, implica que lo nacional se ha transformado en un elemento subversivo, ya que basta plantear algunas reformas para que el imperialismo se sienta amenazado en sus intereses.
Por eso no es correcto mirar la restitución del Estado de Bienestar con ojos nostálgicos como lo hace cierta izquierda, ya que no es posible repetir ese hecho histórico que expresaba una alianza con una burguesía criolla que estaba interesada en el desarrollo nacional, en la medida que se ligaba a sus intereses como clase. Hoy esta lucha se traslada exclusivamente a los sectores populares, lo que también imposibilita la revolución por etapas; la revolución democrática previa a la revolución socialista, Hoy cualquier transformación política, económica, social no es viable sin enfrentar al gran capital y la hegemonía imperialista. Enfrentar el capital financiero conduce necesariamente a enfrentar al conjunto del capitalismo.
Por tanto, se precisa pensar un nuevo proceso de desarrollo, que dé cuenta de las transformaciones ocurridas en la realidad regional y mundial, lo que nosotros denominamos en nuestra plataforma como Proyecto Patriótico de Desarrollo. Esto implica construir un nuevo Estado; Patriótico, Democrático, Popular y Revolucionario.
Finalmente, la experiencia de la vía pacífica al socialismo liderada por la Unidad Popular con Salvador Allende a la cabeza nos demostró, que estas grandes transformaciones son imposible de llevar acabo en la práctica sino se considera el problema del poder. Resolver el problema del poder es una cuestión trascendental de toda revolución que se plantee de verdad construir el socialismo. Por eso, una concepción político militar de la lucha social y política es un medio ineludible de toda organización que pretenda construir una correlación de fuerza en función de los objetivos e intereses esenciales de la clase obrera y de los sectores populares. No hay que hacerse ninguna falsa ilusión respecto a cómo actuará la clase dominante cuando se vean afectados sus intereses. Solo una correlación de fuerzas favorable en lo político, en lo social y en lo militar definirá en última instancia el desenlace de la revolución futura. Claro que al hablar de lo militar no se reduce al simplismo de las armas, pues es algo más profundo y esencial, es el método de concebir todos los acontecimientos y fenómenos desde la óptica de la lucha de clases, de ahí su importancia y obligatoriedad.
A modo de síntesis
Esto y otro contenidos son los que analiza y propone el nuevo proyecto político del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Los invitamos a conocerlo en profundidad y sacar sus propias conclusiones; las que esperamos llenen las expectativas y sirvan como instrumento en lo práctico y teórico, ya sea para el quehacer individual o colectivo en las tareas políticas del hoy y del mañana.
Tras estas líneas hay años de trabajo, experiencias positivas o erróneas, vivencias y esperanza. Es posible encontrar un punto de vista sobre el cual situarse para opinar y debatir, para profundizar y aportar tanto en la contingencia como en los grandes temas que representan las contradicciones de este nuevo siglo. No es un proyecto acabado, pero si representa la voluntad de lucha de los rodriguistas y la persistencia por construir una sociedad libre de la explotación y de la dominación del capital, por una nueva independencia que cuestione y destruya los ejes esenciales del imperialismo.