La GPN, una estrategia abortada
“Hemos definido a la GPN como un proceso global,
integral de lucha que combina lo militar, lo político,
la movilización social, toda expresión de lucha y en
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Algunos documentos perdidos y apenas conocidos más uno que otro fugaz rallado callejero apurado e ilegible por la acción del tiempo es lo que queda acerca de la “GPN”. En realidad poco se sabe de esta inusual experiencia que vivió una organización política chilena. En 1988 el Frente Patriótico Manuel Rodríguez por primera vez habló de “guerra” con todo el peso multilateral -al menos en el plano teórico- de su significado y consecuencias. Una concepción de “guerra” fue el centro del diseño político para una probable vía de solución a la existencia de la dictadura, además contenía claras intenciones de llevar al país hacia una revolución social. En la Dirección Nacional de la organización existía determinado grado de preparación y elaboración teórica, se contaba con una elemental capacidad con cuadros preparados con experiencia combativa y con algunos recursos y medios materiales por donde comenzar. El FPMR era una “fuerza moral en el pueblo chileno” que debía transformarse en una “fuerza material” señalan los argumentos de ese entonces. Todo en medio de uno de los períodos más complejos y trascendentes de la historia política chilena.
Fue en Octubre pero del año 1988 cuando la Guerra Patriótica Nacional (GPN) tuvo su expresión militar concreta en cuatro operaciones simultáneas en diferentes puntos rurales del país. Por primera y única vez ésta idea se pondría en práctica para ser abortada en pocas semanas. Este “aborto” prematuro -en el sentido más amplio de la metáfora- no necesariamente fue producto de una “concepción equivocada”. De eso se trata, abordemos y descubramos la “Guerra Patriótica Nacional (GPN) para que tenga sentido la experiencia pasada.
Rastreando su origen
La Guerra Patriótica Nacional fue una concepción político militar concebida en la Dirección Nacional (DN) del FPMR. Fue un diseño, una idea de cómo transformar la situación chilena a partir de la existencia y planes de proyección que de sí misma hizo la dictadura militar. Los propios documentos de ese entonces la señalan como una “estrategia de guerra, patriótica y en todo el país”.
A mediados de 1987 el FPMR asume una vida independiente del Partido Comunista de Chile. Despejando todos los traumas humanos y políticos que este fenómeno significó para todos aquellos que se vieron involucrados, ha quedado -en documentos de ese entonces- un claro itinerario acerca de una acelerada evolución del pensamiento de los principales jefes que conformaban la D.N. de la organización.
En junio de 1987 la D.N. da conocer a toda su militancia y gente involucrada en el conflicto las razones de sus profundas divergencias con la dirección del Partido Comunista de Chile (PCCh). No es el sentido de esta investigación tratar ese polémico tema, múltiples son las razones que esgrime la D.N., entre todas, la más importante para nuestra búsqueda tiene que ver con la precisa y clara defensa que hace el FPMR de las resoluciones del Pleno del PCCh de 1985 y de su política de Sublevación Nacional. Con argumentos señala que “hay una visión que desea abandonar ( en los hechos ) la política de Sublevación Nacional”.
Al comenzar su vida independiente el FPMR se plantea rescatar e impulsar una “estrategia justa” como denomina sin ambigüedades a la Política del PCCh. Según expresa el documento de ese entonces, el problema era de “voluntades políticas” de este partido, de “no querer profundizar” lo que exitosamente se había hecho hasta las históricas protestas del 2 y 3 julio de 1986. Si el FPMR suponía abandono de un “diseño justo”, lo más lógico era que la DN trataría de reconstruir la fuerza necesaria para tales propósitos, “Hoy lo principal es construir esta vanguardia, en la lucha, eso es lo que nos garantiza ser capaces de conducir al pueblo en las futuras grandes batallas y lo ponen en la perspectiva del poder”. Para la DN podía haber “repliegue táctico” como le denominó el PCCh a su política de fines del año 1986 que nacía ante el abandono del resto de partidos opositores de futuras jornadas de protesta y frente a un cuadro negociador de la clase política donde todos apuntaban hacia el plebiscito de 1988. Lo que el FPMR no podía justificar era el “abandono y desmantelamiento” de todo el trabajo militar del PCCh que tenía “un carácter estratégico”.
Por primera vez la DN ya independiente habla del “poder” en un política que hasta ese momento sólo llegaba hasta la salida del dictador y a la reconstrucción de una “democracia lo más avanzada posible”. Para llegar a tales objetivos lo más audaz que diseñó el PCCh fue el “Plan de la Sublevación Nacional” una suerte de copamiento masivo y planificado de las principales ciudades del país por el pueblo organizado en columnas saliendo de todos los sectores populares hacia los centros de donde dependía la estabilidad del régimen. El combate paramilitar de las masas con todos los medios posibles más los golpes sensibles que darían las fuerzas especializadas del FPMR y contando con el quiebre de las FFAA ante tan aplastante correlación de fuerzas que finalmente provocaría “el desmoronamiento del régimen” y la “expulsión o salida del dictador”. Era una suerte de combinación entre una insurrección nicaragüense “limitada” y una revolución de los claveles de los portugueses “exacerbada”. Era una solución fundamentalmente política donde el elemento militar era un componente necesario pero de uso táctico. Pero fue sólo un plan, una idea nunca realizada que nace defendiendo el FPMR en sus primeros pasos como organización autónoma. Estamos hablando de junio de 1987.
Tres meses más tarde, a fines de septiembre de ese año la DN hace una evaluación y reitera que la Sublevación Nacional es el “único camino”, una “estrategia justa”. Pero a partir de la definición de “vacío de vanguardia” en que habría quedado el pueblo por abandono del PCCh, la DN se plantea que “aspira a construir una fuerza político militar de vanguardia”. Por primera vez aparece este concepto de “organización político militar”. Es el momento inicial donde el FPMR supera el calificativo público de “brazo armado del pueblo” y el de “fuerza militar propia” del PCCh. Esta enorme y compleja tarea que se propone lo obliga a transformar concepciones, estructuras y funcionamiento. Por primera vez aparece el concepto de “rediseñarnos como organización” que al finalizar ese año se transformaría en todo un proceso de cambios al interior del FPMR.
Del “Rediseño” a la “GPN”
Al finalizar 1987 y en los meses del verano de 1988 la DN realiza un profundo proceso de búsqueda y discusión para poder construir y desarrollar “el instrumento político militar de la revolución”. Había que dejar de ser “una fuerza moral, un símbolo, una fuerza en potencia” para transformarse en un “instrumento orgánico” una “fuerza real y capaz de...”. Dos procesos casi prácticamente simultáneos condujeron estos cambios. El “Rediseño Político Interno” que apuntaba esencialmente a superar deformaciones y lastres que impedían “la construcción de una fuerza político militar de vanguardia” y el llamado “viraje táctico” que culminaría en abril de 1988 en una trascendente reunión de Dirección Nacional que llevó el nombre de “José Valenzuela Levy”. Allí está el primer cuestionamiento escrito y oficial a los contenidos de la política de Sublevación Nacional del PCCh y por primera vez aparece el concepto de “guerra”.
Para la DN esa reunión constituía -según palabras de su introducción- la “culminación de un proceso de reflexión comenzado a fines de 1987”. Era según definición el momento “del gran salto”. La esencia del nuevo enfoque nace de una particular apreciación de la realidad que se vivía en Chile. Estamos en abril de 1988 y de acuerdo con toda la experiencia combativa acumulada en los últimos años se considera que “en el país se ha generado un estado potencial de lucha, una situación revolucionaria en maduración”. Se evoca la última de las más grandes y significativas protestas del 2 y 3 de julio del 86 y ante la evidente desmovilización reinante -recordemos que nunca más se repitió algo parecido- se afirma que la capacidad de movilización y lucha del pueblo está “latente”, también se denomina como “bloqueada”. Según esta apreciación la pérdida del protagonismo popular en combates callejeros se debía principalmente a un problema de conducción. Para destrabar esta situación se concluye que “el pueblo exige una mayor presencia y calidad militar de su vanguardia (s)”.
La DN -según el documento de esta reunión- está plenamente convencida de la “prolongación de la dictadura” independiente a los resultados del plebiscito convocado para octubre de ese año 1988. El referéndum como parte del cronograma de la dictadura es visto como un trámite más en la voluntad continuista del régimen. El turbio panorama de la oposición lo describe como “la inserción en el sistema de los partidos de la burguesía y su coincidencia con las formulas del capitalismo dependiente”, De la izquierda señala “la falta de confianza en el pueblo y en sus fuerzas”, y concluye que existe un “bloqueo de la combatividad de las masas por ausencia de una alternativa clara y viable de lucha”. Con todos estos argumentos la DN del FPMR se siente con todo el derecho y está convencida que es un deber llenar ese vacío orgánico que aprecia y se llama claramente a revisar las concepciones de Sublevación Nacional que hasta ese entonces se mantenía incólume.
Este trascendental cambio de concepción se fundamenta en una apreciación diametralmente distinta que se hace acerca de las probables conductas del régimen y de sus Fuerzas Armadas. Se tiene el firme convencimiento de que la dictadura buscaría cualquier fórmula para perpetuarse en el poder. De acuerdo a la experiencia en América Latina y a los años vividos apuesta que es lo más probable que ante un pueblo sublevado las FFAA ofrezcan “una resistencia encarnizada incluso con la intervención imperialista cuando esta resistencia pueda ser sobrepasada”. Se apuesta a la variante mas compleja y no a la variante más fácil de un posible “desmoronamiento político moral de las FFAA” que suponía la política de Sublevación Nacional, que “subestimaba” la respuesta de cualquier estado y del imperialismo ante el peligro de su sobrevivencia.
Era evidente que si se estimaba una “resistencia encarnizada” de las FFAA ante un supuesto escenario de un pueblo desbordado combatiendo al régimen, la política heredada era insuficiente. Por tanto el cambio debía ser sustancial y categórico: “Esto implica concebir una estrategia político-militar con más perspectiva, más objetividad, sin “placismos”, que apunte a la creación de la correlación de fuerzas político militar para la derrota del Régimen y en la perspectiva de la revolución. Y esto nos lleva a concebir la Sublevación Popular como un proceso amplio cuya culminación sea la ofensiva del pueblo alzado en ciudades, pueblos y áreas de todo el país, con una poderosa fuerza militar, paramilitar y de masas. Pero que prevea la guerra de todo el pueblo y en todo el territorio nacional, como el elemento de gestación de esta correlación de fuerzas necesarias para vencer”. (el subrayado es del original) (Abril 1988)
¿Por qué se cuestiona ahora la política del PCCh y ya se habla públicamente de una guerra de todo el pueblo y en todo el territorio nacional?.
Los conflictos políticos con el PCCh habían comenzado a fines de 1986, la ruptura se produce en junio del 87 y casi un año más tarde es que se rompe definitivamente con la política de la organización madre. Aunque en el documento de esta reunión “José Valenzuela Levy” está lo sustancial de la nueva política, en ese momento aún no surge el término de GPN que aparecería dos meses mas tarde en julio de 1988.
Es evidente que la DN del FPMR no tenía política propia al separarse del PCCh. El Frente funcionaba bajo normas militares más que como organización política. En los años de mayor éxito de la organización la dictadura estaba claramente identificada como el enemigo principal, el panorama se presentaba con relativa claridad y existía una verdadera sintonía entre las acciones y conductas del FPMR y el estado de ánimo de importantes sectores de la población. Los principales jefes del Frente eran quienes discutían política en sus encuentros con la dirección del PCCh. En esos años tan urgentes del 83 al 86 el FPMR en su conjunto discutía planes operativos. Era “la Fuerza Militar Propia del PCCh” que cumplía con diligencia sus funciones. Sus jefes con experiencia combativa y preparados militarmente defendían por profunda convicción todo lo que se había avanzado en el terreno militar y miliciano, estaban convencidos a partir de principios generales del papel principal que jugaba la lucha armada y el componente militar en cualquier proceso de cambios revolucionarios. Esto no determinó ni era suficiente para que automáticamente pudieran concebir con relativa facilidad un nuevo diseño estratégico en medio de los complejos acontecimientos que debieron enfrentar. En ese breve tiempo de vida independiente que llevaba la organización -a diferencia de los años precedentes- la dictadura tenía la iniciativa al situar el plebiscito de octubre de 1988 en el centro del escenario político nacional. El poco tiempo de evolución y las circunstancias que rodearon estos hechos no favorecerían una necesaria e imprescindible maduración de una política que supuestamente escaparía a toda coyuntura. Solo seis meses después de la reunión “Valenzuela Levy”, un 21 de octubre de 1988, se intentaría dar inicio a una “Guerra Patriótica y Nacional” que se malogró en su cuna.
La Guerra Patriótica Nacional, contenido y realidad.
Dos claras etapas tiene la GPN en su desarrollo y contenido como estrategia político militar del FPMR. Antes y después de las acciones simultáneas urbanas y rurales del 21 de octubre de 1988. No existe documento único y oficial que ordenen sus contenidos. Este se fue elaborando poco a poco en la medida de las propias exigencias que la organización percibía. Los conceptos básicos y que se mantendrían inalterables en el futuro, son elaborados en esa primera etapa y fueron los que guiaron a la organización a ese conjunto de acciones de octubre de 1988. La GPN tuvo su estreno, cuando se implementó la “irrupción” como se le llamó a esas primeras acciones sobre el supuesto que habría una “continuidad de la guerra en todo el territorio nacional”. Desde allí en adelante y posterior a ese acontecimiento y a pesar de elaborarse detallados planes y conceptos para la “guerra”, nunca más la organización realizó acciones que respondieran claramente a esta estrategia.
Veamos dos definiciones elaboradas previo a “la irrupción”:
“Hemos definido a la GPN como un proceso global, integral de lucha que combina lo militar, lo político, la movilización social, toda expresión de lucha y en el que tienen lugar todos los patriotas, y que se propone la derrota del enemigo mediante la combinación de golpes en todos estos frentes siendo el accionar militar el factor principal para ganar la guerra, pues será decisiva en el desgaste físico y moral del enemigo”
“Hemos definido igualmente a la GPN como un proceso no breve en el que irán transitando por distintas etapas ascendentes, a lo largo de las cuales iremos construyendo el Ejército del Pueblo y las fuerzas necesarias para la derrota del régimen y sus FFAA. La GPN alcanzará la derrota del régimen en una sucesión de batallas en que cada una será superior a la anterior, culminando con la ofensiva generalizada de todos los frentes, en ciudades, pueblos y campos de todo el país, y con un poderoso ejército del pueblo”.
Exactamente el 20 de julio de ese año la DN tiene un encuentro donde analizaría el estado de la organización en su preparación para “la irrupción”. Allí quedan claro varios aspectos del contenido de la GPN.
En ese minuto ya se tenía previsto “irrumpir” con las acciones simultáneas para presentar a la guerra como un camino irreversible a partir del convencimiento de la continuidad del dictador en el poder. La decisión es “atravesarse en el camino de perpetuación del régimen”. La misión consistía en la toma y control de cuatro poblados rurales y en dos territorios urbanos. “Neutralizar al enemigo, destrucción de sus instalaciones, recuperación de medios y realizar propaganda y agitación en la población”.
La guerra debía darse en todo el país, hay clara referencia a las unidades guerrilleras y a la construcción de un ejército popular imposible de hacerlo en la ciudad. Era parte crucial del éxito de la estrategia la participación de “todos los patriotas”.
Se concibe la ofensiva planificada (la irrupción) sólo como el inicio de la guerra, exigiendo la continuidad futura. Para esto se dan claras instrucciones sobre una lucha guerrillera posterior en territorios rurales donde las fuerzas del frente desarrollaban trabajos de basificación.
Se plantean con detalles un sinnúmero de disposiciones organizativas y de instrucción para todo el resto de estructuras tanto políticas como de aseguramiento. Se evalúan con detalles el esfuerzo de cuadros y combatientes a desplegar por todo el país para cumplir con el plan de la irrupción, en una suerte de combinación de ideas políticas estratégicas con precisas instrucciones táctico organizativas para las acciones que vendrán.
Como es por todos sabido ganó la opción por el NO. Los resultados del plebiscito rechazando al dictador desconcertaron a la DN del FPMR. En los territorios urbanos las planificadas tomas de las poblaciones se transformarían en felices marchas de milicianos junto a pobladores que jubilosos saludaban el triunfo del no. No obstante este radical cambio de la situación la DN mantiene la decisión de irrumpir con las acciones rurales cambiando en corto tiempo los objetivos iniciales. Ahora el Frente demostraría que no estaba dispuesto a permitir la “perpetuación del sistema”.
El 21 de octubre se realizan las cuatro operaciones rurales. En dos poblados no hubo resistencia alguna. En los otros dos poblados se cumplió la misión con enfrentamientos pero sin costos inmediatos para los combatientes del Frente. Los megalómanos partes operativos inmediatos distorsionaban el enorme esfuerzo y voluntad que tuvieron que desplegar los combatientes y jefes para poder cumplir con tales objetivos. La mayor parte de ellos venían de la ciudad y eran prácticamente nulas las posibilidades de dar “continuidad” a las acciones. Las bases en el campo aún eran incipientes y pocas. Nadie se podría sumar al “ejército patriótico” porque sus bisoños soldados en pocos días volverían a desaparecer en las calles de la ciudad.
En los días posteriores a estas acciones un reducido número de combatientes cae detenido y el 28 de Octubre, son detenidos y asesinados Rodrigo, Comandante José Miguel, jefe de la organización y la Comandante Tamara.
Sólo cuatro años más tarde, en agosto de 1992 la DN intentando superar el estado de crisis que devino, señalando: “Los hechos hoy nos evidencian que a pesar de partir de un diagnostico acertado de continuidad del sistema, llegamos a conclusiones erróneas, pues nos negábamos aceptar de que de una u otra forma esto iba a repercutir y alterar la situación política y social de Chile. De cómo se iba a afectar al “estado potencial de lucha”. Es más, en el fondo hicimos política como si nada hubiera cambiado, no nos convenía que cambiara, ello nos llevó a ver una realidad que no era, a sobredimensionar y prolongar en el tiempo una maduración de condiciones objetivas en franca decadencia y a punto de extinguirse”.
“Los resultados de estas acciones hablan por si solos, pagamos un alto costo en lo humano, político y militar”.
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