ENTREVISTA DEL FPMR AL PERIODICO VENCEREMOS DE URUGUAY



















Continuando con nuestra misión de traer a la militancia popular el testimonio de algunos de los protagonistas más destacados de la lucha por la liberación en el mundo y en particular nuestra América, una de las tareas permanente de Venceremos, ofrecemos al lector la opinión del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, FPMR (www.fpmr-chile.org). La emblemática organización chilena nacida de la resistencia anti dictatorial en el período de Pinochet, que creció y se fogueó como parte de la vanguardia combativa del pueblo, siendo un brazo armado de la lucha popular dirigida en un principio por el Partido Comunista de Chile, pero que luego a partir del año 1987 pasó a constituirse en una organización político militar independiente, encarnando hoy un proyecto político revolucionario con cada vez más incidencia y gravitación en la militancia chilena y en la escena política nacional.

Venceremos - ¿En qué escenario se da el nacimiento del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, y que papel venía a desempeñar, cuál era la misión, la estrategia?

Frente: la organización surge como estructura militar a la luz pública el 14 de diciembre de 1983, con la ejecución de un sabotaje coordinado a nivel nacional a la red eléctrica interconectada del país, en el contexto de la “Política de Rebelión Popular” del PC chileno. De ahí en adelante el FPMR se ganaría un importante espacio en el corazón de la resistencia a la dictadura pinochetista, con un sinnúmero de operaciones político-militares urbanas de diferente nivel, que se sintetizan en tres grandes tareas en cuanto a su papel como aparato: demostrar la vulnerabilidad del régimen de opresión, desmoralizar a sus fuerzas y fortalecer la combatividad popular, la que crecía debido al deterioro irreversible del gobierno militar en los ámbitos económico, político y social, tanto en lo nacional como internacional, asumiendo luego un carácter de masas con las consecutivas protestas nacionales, luchas sectoriales y territoriales entre los años 1983-87.

V- En el período en que el Frente estaba orgánicamente vinculado al PC ¿cómo funcionaba la dinámica del ejercicio efectivo de la dirección de la organización política sobre su brazo armado?

F: Tanto la forma como el contenido de esta dirección estaban determinadas por la política que en ese entonces desarrollaba el PCCH, política que definía como escenario exclusivo y determinante la salida de Pinochet, por lo que gran parte de la estructura creada a partir de ésta y su hipótesis de conflicto, eran puntuales y hasta establecidas con un sentido desechable, expresión de una concepción que impregnaba la construcción de fuerzas y la mentalidad de los cuadros en el amplio sentido.  En pocas palabras, y he ahí la crítica del FPMR posteriormente, el tema militar era considerado solo como un agregado, una parte, y no como un elemento doctrinario y de clase en el escenario de confrontación violenta y de masas que vivía Chile por aquel entonces, agudizado por la inexistencia un proyecto político superior y de largo plazo, lo que explica en parte la ubicación que se reservaba a la jefatura del Frente en la línea de mando y toma de decisiones.

Para ser más gráfico, el Frente era uno de tres organismos que componían la estructura militar partidaria (Trabajo hacia las FFAA, Trabajo Militar de Masa y la Fuerza Propia que era el FPMR), todas al mando de un dirigente de la dirección política del PC, por lo cual ningún jefe de estas instancias tenía incidencia real en la conducción y dirección de la política general partidaria, ni menos en sus aspectos tácticos y estratégicos.

V - ¿Cuáles fueron las contradicciones que determinaron la ruptura con el PC de Chile y cual fue la respuesta orgánica para continuar la lucha como organización política autónoma?

F: Lo primero tiene que ver con la salida de la Dictadura, ya que luego del hallazgo de armas ingresadas por Carrizal (Norte de Chile) y el intento de ajusticiar al Tirano el 7 de septiembre de 1986 por un comando del FPMR, la mayoría de los partidos de la oposición escudándose en las reacciones “violentas” del terrorismo dictatorial, estuvieron dispuestos a transar con él, a entrar en su itinerario, a cambiar la táctica confrontacional por un espacio dentro del sistema, el protagonismo de las masas por el de los partidos políticos y la lucha electoral, ámbito del cual la dirección del PC y otros sectores de la izquierda no estuvieron exentos. Es así que mientras la dirección del PC coqueteaba con esta posibilidad dialogando con la oposición burguesa para romper su aislamiento, el FPMR exigía continuar la lucha previendo el abandono de la política de rebelión y sublevación, cuestión que comienza hacerse realidad cuando no solo se detienen ciertas operaciones, sino también se pasa al desmantelamiento material y humano de su estructura en forma encubierta…esto ocurre aproximadamente entre junio y septiembre de 1987 (donde el asesinato de 12 compañeros en la denominada “Operación Albania” a manos de los aparatos de seguridad, repercute en las diferencias existentes al interior del PC).

El segundo punto, y el más relevante a nuestro entender, tiene que ver justamente con las concepciones contrapuestas que se fueron manifestando en ese complejo momento político. El FPMR en poco tiempo había logrado desarrollar un pensamiento propio caracterizado por nosotros como Rodriguismo, y una forma de hacer política que lo fortalecían y a la vez distanciaban de los métodos y tácticas de la izquierda tradicional chilena. Todo ello en el marco de las tareas que fue asumiendo debido a las crecientes necesidades preinsurreccionales, las que sobrepasaban los aspectos técnico-militares para los cuales había sido creado como aparato, entre los que se cuentan los contenidos políticos e ideológicos que el proceso demandaba (trabajo de masas, internacional, formación, etc.), así como también por el posicionamiento estratégico e incidencia alcanzado, que dentro del PC no tuvo cabida ni espacio para ser debatido, y que finalmente desencadenó la decisión del mando encabezado por Raúl Pellegrín de separarse para construir un nuevo proceso de manera autónoma.

V - Qué significó este paso, cuáles fueron las dificultades y realidad que debieron enfrentar?

F: Sin duda la ausencia de un proyecto propio…en los hechos luego del rompimiento con el PC, el Frente en su intención de encarar el abandono de la lucha contra la dictadura y el entreguismo por parte de la oposición burguesa y el reformismo, comete el error de intentar llevar la Política de Rebelión a un estado superior agregando meras motivaciones y principios, política que no solo estaba derrotada sino desahuciada por sus propios gestores, sumado a lo cual estaba el sesgo de no considerar los grandes cambios que comienzan a darse en Chile y el mundo a partir de la negativa correlación ideológica existente. La Toma de Poblados con que inauguramos la Guerra Patriótica Nacional (GPN) en plena campaña del NO (1988) como continuidad de la PRP, fue el comienzo y fin de un camino que nos aislaba del proceso social y destruía ideológicamente como fuerza, más allá del ejemplo consecuente que significo por aquel entonces la muerte de jefes conductores tan importantes como Raúl Pellegrín y Cecilia Magni.

Así partió la profunda crisis interna que nos tocó vivir hasta 1992, año en que se inicia el Proceso de Discusión Interna, cuyas resoluciones en el 96 nos permiten reorganizar al rodriguismo y proyectar al Frente en el nuevo escenario nacional, impulsados por un plan que fijó los contenidos del nuevo proyecto para la organización, sus estructuras y objetivos tácticos y estratégicos, dinámica que fue acompañada de una interacción en la base social de forma pública (no legal), formación, discusión teórica y política, y presencia activa en la contingencia para enfrentar junto al pueblo los efectos del continuismo y la reconstrucción de sus luchas hasta ahora.

V - Tras el período de preparación que dio nacimiento al nuevo proyecto político del Frente Patriótico ¿cómo definirían las grandes líneas de trabajo estratégico?

F: El Proyecto en su introducción expresa que se rige por ideas y principios que dicen relación con la necesidad de un proyecto e instrumento orgánico de clase para la transformación social; la construcción de movimiento popular que encabece una propuesta de cambio nacional; y la obligatoria profundización de la lucha por la Revolución y el Socialismo. Estas 3 grandes tareas estratégicas hoy se encuentran en un estadio de implementación embrionaria, sujetas al desarrollo de las mismas y las contradicciones en los distintos ámbitos de la lucha en el país y el mundo, especialmente en nuestro continente.

Sobre proyecto e instrumento, los Rodriguistas sancionamos ello el año 2003, donde el FPMR pasó a constituirse en una organización política que se ordena en función de objetivos que en lo orgánico partidario, como en sus líneas de construcción social, militar e internacional, el programa determina.

Por otra parte, la construcción de Movimiento Popular es hoy la tarea principal de la etapa, por lo cual el Frente junto a otras fuerzas viene desarrollando un intenso trabajo a nivel de base, con el objeto de reconstituir el quehacer de los sujetos en el ámbito estudiantil, poblacional y de trabajadores, proceso que está siendo estimulado en cada contingencia por el descontento ante las políticas neoliberales del gobierno, y que en el último tiempo permitió que las luchas reivindicativas adquieran carácter de masa y mucha combatividad a pesar de la represión y la mentira. Entendemos en este sentido, que en la medida que los pueblos no se organicen y generen sus propias alternativas de desarrollo, el bloque en el poder podrá seguir manteniendo los niveles de consenso entorno a las directrices capitalistas e imperialistas, e incluso hacer modificaciones al modelo neoliberal a pesar de su permanente inestabilidad y planes antipopulares y represivos.

Respecto a la Revolución y el Socialismo, pensamos que son viables en la medida que se interviene en los nuevos procesos sociales, donde las luchas nacionales han adquirido un rol determinante en el momento histórico. En Latinoamérica por ejemplo, debido al carácter neo-colonial que el sistema infiere al Estado arrastrándolo la contradicción principal del período (neoliberalismo versus lo nacional), la defensa de los intereses de un país y la autodeterminación se han vuelto algo subversivo. Aunque ello no implica la reedición del Estado de Bienestar como cierta “izquierda” pretende, ni la revolución por etapas en alianza con las burguesías criollas, pues éstas no buscan el desarrollo nacional sino la conservación de sus ajustes capitalistas y dependencia imperial. Quedando solo el campo popular, que es el único que no tiene nada que perder y mucho que ganar en un proceso de confrontación aguda con los poderosos, donde la experiencia indicará que éstos no trepidan en el uso la violencia cuando sus privilegios y granjerías están en juego.

V - ¿qué posibilidades y que dificultades, en lo táctico y lo estratégico, han encontrado para articular ese trabajo con otras organizaciones chilenas del campo popular

F: En lo estratégico las dificultades han estado en la persistencia de la fragmentación y atomización social y política que generó la derrota del movimiento popular antidictatorial en los 90, y que se refleja en la ausencia de proyectos sólidos y coherentes. Aunque en el último tiempo esta tendencia tiende a revertirse, abriendo grandes posibilidades para la unidad de las fuerzas revolucionarias en las tareas de reconstrucción de un movimiento popular, clasista y patriótico. Por lo mismo, la unidad táctica entre organizaciones no ha superado las contingencias y dinámicas específicas, basadas esencialmente en coordinaciones y no relaciones más de fondo. Es más, con los que ya tienen definiciones que reconocemos comunes, son los únicos con los cuales hemos podido establecer relaciones y desarrollar procesos a nivel de base. Y es que las organizaciones revolucionarias fueron las más perjudicadas en la involución de las últimas décadas, dejando el espacio libre a la izquierda reformista que aprovecho esta posibilidad para hacer gallitos con el gobierno y buscar negociaciones a costa de los conflictos, y hoy por hoy hace lo imposible para no perder la conducción del descontento a favor de su táctica electoralista e institucional.

En la actualidad el Frente junto a otras organizaciones viene generando instancias de coordinación que han permitido instalar contingencias propias, con la idea de fortalecer los trabajos territoriales y sectoriales, con las pretensiones de lograr en el mediano plazo una incidencia nacional objetiva. Con este fin se convocó este año en forma independiente y al margen de la izquierda institucional, a tres alentadoras jornadas: la protesta del 29 marzo en conmemoración de los combatientes caídos y por las demandas sociales; el Primero de Mayo Clasista que significó un acto alternativo a la CUT que se encuentra amarrada a la institucionalidad; y la Protesta Nacional y Popular del 11 de septiembre que fue contundente en la acción callejera. Ahora en octubre se trabaja en los “40 años el Che vive en la lucha de los pueblos por la revolución y el socialismo”, coordinada internacionalmente por el Encuentro Cono Sur, del cual somos parte junto a Fogoneros y otras organizaciones hermanas del continente.  

V - El Frente es de los principales mentores de Encuentro Cono Sur del cual fueron anfitriones en su primera instancia (Chile, octubre de 2006) ¿cuál es el lugar de lo continental en su propuesta política?

F: Nosotros decimos “ir de lo nacional a lo continental de la lucha popular y revolucionaria”, porque estamos convencidos que para su libertad y desarrollo el continente es uno solo, la Patria Grande, donde ningún proceso puede avanzar si no avanzan conjuntamente los demás, en la premisa que es imposible sostener un proceso revolucionario sino existe un equilibrio de fuerzas que garantice su defensa y consolidación a nivel de toda la región, o parte importante de ésta como está sucediendo hoy con el proyectos venezolano. En este sentido, no vemos contradictorio plantearse lo nacional y a la vez hablar de lo continental, porque esta región justamente tiene la particularidad de tener una historia y cultura común de sometimiento y luchas que nos impulsa y unifica en diversos ámbitos a pesar de las fronteras y diferencias que los propios poderosos se han preocupado en exacerbar. Además, una cosa es la contradicción principal de la etapa, y otra la necesidad de la construcción de la Patria Grande, que dejará de ser un ideal y un argumento para pomposos foros en la medida que nuestros pueblos se liberen del sometimiento y alcancen el socialismo, que es el único modelo transformador que puede permitir la convergencia económica, social y política, independiente de la forma que esta adquiera (en los hechos nuestros propios países hoy están conformados por distintos pueblos y etnias; el problema es quien domina y explota).

Ahora, caminar en esta dirección, implica líneas concretas y estratégicas en lo internacional. Por eso integramos Cono Sur, que sin desconocer la existencia de espacios como la CCB u otros, es un instrumento de unidad revolucionaria y visión de lucha continental que creemos hacía falta. Porque entendemos que llegó el momento de agregar a la divulgación de las ideas bolivarianas, latinoamericanistas y antiimperialistas, la práctica internacionalista y de relaciones entre organizaciones y movimientos que en todos nuestros países vienen dando una enconada lucha anticapitalista y por el socialismo. Proceso en construcción que esperamos culmine en el futuro en una línea común de trabajo continental, entendiendo claro las realidades diversas que nos toca enfrentar. Cono Sur es una iniciativa que recién se está abriendo paso, respeta los procesos internos de cada uno de sus integrantes, apoya procesos armados y no armados, y está organizando su segundo encuentro para el 2008, donde se estarán sumando otras organizaciones hermanas que seguramente le darán una fuerza política importante.

V - ¿Cómo palpan la realidad del continente a la hora de pensar en el proceso de liberación de nuestra Patria Grande?

F: El movimiento popular tiene hoy referentes gubernamentales en la Cuba revolucionaria y en el proceso bolivariano de Venezuela; que levanta un proyecto nacional de desarrollo de carácter antiimperialista.

Pero también por otro lado en Latinoamérica se aprecian experiencias de organización popular que se desarrollan en forma paralela y en contraposición a la política partidista tradicional y cupular, las cuales pueden ser un contrapeso a  los gobiernos de turno que administran o defienden el modelo imperante. Estas son experiencias como las del movimiento campesino, indígena y de trabajadores ecuatorianos, bolivianos y brasileños, donde los desafíos principales son el fortalecimiento político y organizativo para evitar que tales procesos no terminen diluidos o bien capitalizados por la burguesía criolla, como ocurrió ya en Argentina,  Ecuador y Brasil. Lo mismo podría decirse en el caso de Uruguay. Todos sufren la dependencia del capital financiero y la banca internacional.

Ciertamente tanto Lula como Kirchner deben responder a sectores patronales de sus países. El imperialismo apoya su continuidad, más allá de los tironeos por el pago de la deuda o por ALCA. Es un hecho que Lula y Kirchner conservan bases sociales en los sectores medios y de trabajadores, pero eso no altera el carácter de sus gobiernos; es decir sus intereses de clase. El caso de Brasil (al igual que el de Lucio Gutiérrez) es ejemplo de un gobierno que llega precedido de un apoyo real  y la esperanza de vastos sectores populares, pero que termina cediendo a los dictados de un manejo macroeconómico “responsable” subordinado a los equilibrios exigidos por la banca internacional, y que posterga una vez más las demandas sociales. Lo mismo puede estar ocurriendo en Uruguay con Tabaré, por lo que no es mucho lo que los sectores populares pueden esperar de gobiernos de este tipo, debiendo concentrarse en construir fuerzas propias independientes del aparato del Estado.

Procesos como los mencionados están condicionados en su mayoría a gobiernos socialdemócratas que deben hacer concesiones con sectores de la burguesía, carecen de un programa revolucionario en el seno del movimiento social, y donde persiste el factor militar no resuelto, la falta de liderazgos colectivos u organización política fuerte.

Hoy existe además una tercera expresión de lucha popular por fuera de la legalidad del sistema, que pone su centro en la construcción de poder popular en oposición al poder del Estado oligárquico, y que desarrolla una estrategia de carácter político militar, de insurgencia o guerra popular, cuya expresión más nítida está  en Colombia, cuya larga historia y su presente es quizás un indicador a tomar en cuenta de lo que puede ocurrir en el resto del continente si la confrontación contra el sistema sigue afectando los intereses de la clase dominante, independiente del carácter armado o “pacífico” del proceso, como ya ocurrió en Chile el año 1973.

Lo central y lo común a la hora de analizar o discernir entre estas distintas expresiones o estrategias de los pueblos latinoamericanos, ya sea desde los gobiernos o en contra de estos, es su mayor o menor capacidad de sostener o desarrollar base social, la movilización popular, la conciencia y organización de los explotados y oprimidos, en la perspectiva  de resolver el problema del poder de manera integral, tal como lo pudo hacer la burguesía en su momento. 

V- Algo más que quieran agregar?

F: Claro, cerrar esta entrevista con un fraternal saludo al pueblo de la franja oriental, sus organizaciones sociales y políticas populares, en especial a la juventud revolucionaria uruguaya, que en las últimas movilizaciones a dado muestra de gran combatividad, patriotismo y consecuencia clasista…para ellos y este medio popular de comunicación, un abrazo, y hasta vencer o morir!