Con este circo de inestabilidad a cuestas, la clase dominante pone fin al veranito de los “consensos”, choca entre sí por el control del Estado y se prepara para enfrentar el oscuro panorama que ayudó a generar en defensa de sus privilegios. Paralelo a esto, se percibe un reordenamiento del campo popular que puede significar acumular fuerza para el cambio o no incidir en nada y dejar las cosas tal cual han permanecido por los últimos 20 años, dependiendo de la política que se siga.

Sin duda estamos ante un inminente cambio de periodo, manifiesto en el surgimiento de nuevas correlaciones políticas. Muestras de ello son las disputas internas del bloque en el poder que derivaron en la aparición de corrientes y maniobras como la del “desalojo”; el reordenamiento de los sectores reformistas y electoralistas de izquierda que agitando el “no a la exclusión”, terminó sepultando el Juntos Podemos y derechizándose aun más en el acercamientos con el gobierno; y también la convergencia de distintos estamentos políticos revolucionarios y sociales del campo popular, que ha permitido la creación de coordinadoras y mesas políticas, así como la discusión de tácticas y estrategias para enfrentar la contingencia electoral. Es tan decisiva esta tendencia, que la organización que no logra precisar su línea y estructurarse más allá de lo básico, simplemente no existe políticamente, así sucedió a los Colectivos de Trabajadores (CCTT), que fueron honestos en reconocerlo públicamente. Ello solo por mencionar una experiencia puntual, ya que desde hace un par de años también al no ser capaces de situarse en el momento político, otras organizaciones populares dejaron de existir, o sobreviven sin proyecto y al borde de la extinción.

Este cambio de correlación no es gratuito ni resultado de “gustos”, es fruto de la crisis del modelo acompañado de los intereses que representa cada sector. Tendrá sus consecuencias y necesariamente agudizará la lucha social y política, porque se trata de una fase de definiciones. A modo de muestra y para señalar que esto trasciende las “parcelas”, tenemos la lucha de los trabajadores subcontratistas, que como dicen dirigentes de la Coordinadora Sindical Clasista, la situación de estos últimos no se resuelve ya con negociaciones mediocres acompañadas de represión, sino tomando posturas concretas y consecuentes, donde las opciones están en la mesa porque las contradicciones así lo exigen: “para las mineras y el empresariado en general lo principal es PROFUNDIZAR la subcontratación; por otro lado para la Confederación de Trabajadores del Cobre y la CUT lo principal es MITIGAR los efectos de la subcontratación con la “adecuada” aplicación de la ley, según lo han acordado en su último congreso. Pero para los trabajadores y el sindicalismo clasista lo principal es ACABAR con la sub-contratación”.

Palabras sobran, cierto?... no hay otra entonces que tomar posición política, luchar en definitiva, jugársela, el pueblo no tiene mas alternativa para salir bien parado de esta disputa en plena crisis neoliberal.
      DECADENCIA DE LA CLASE POLITICA
              Y EL DESPERTAR POPULAR



La crisis del neoliberalismo repercute de múltiples formas en Chile; gradual-mente alcanza nuestra economía dependiente, la estabilidad de los poderosos y la realidad de la propia población, afectada por alzas consecutivas en los alimentos de primera necesidad, el endeudamiento, los bajos salarios y una violenta represión policial cuando manifiesta su descontento.

Es un hecho insostenible la falacia mercantil, lo mismo que el egoísmo de la clase política, poniendo a la luz el país de verdad, no el que la propaganda oficial ha sorteado por años con campañas millonarias.