· Antecedentes biográficos de Allende
· Allende: breves rasgos de su vida política
· Gobierno de la uniodad popular
· 1er Discurso 1970
Triunfo de la Unidad Popular
· Vigencia de Salvador Allende
Allende: breves rasgos de su vida política



Salvador Allende Gossens nace en 1908, en el seno de una familia de clase media en Valparaíso; su abuelo fue médico y su padre abogado. Desde su época de estudiante en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, sobresale por su capacidad de liderazgo y preocupación por los sectores marginados de la sociedad chilena. En 1929 integra el grupo político universitario “Avance” y en 1933, junto con ser uno de los fundadores del Partido Socialista de Chile, a la edad de 25 años, asume la labor de ser primer secretario regional.


Poseía el perfil característico del dirigente político de izquierda, progresista y laico de la primera mitad del siglo XX. Se tituló de médico cirujano y desde el comienzo de su carrera se dedicó a la medicina social, publicando diversos trabajos sobre salubridad pública. Ingresó muy joven a la masonería y perteneció a la Gran Logia de Chile.

Antes de cumplir 30 años, es elegido diputado por Valparaíso y Quillota. Participó activamente en la fundación del Frente Popular y fue nombrado Ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social en el Gobierno de Pedro Aguirre Cerda .

En 1945 fue elegido senador y se mantuvo en este cargo hasta 1970. Cuatro veces fue candidato a la Presidencia de la República, representando a una alianza cuya base la conformaban los partidos socialista y comunista: 1952, 1958, 1964 y 1970. Triunfó en su cuarta postulación y accedió a la primera magistratura apoyado por la coalición de izquierda llamada Unidad Popular (UP). Por primera vez en la historia, y causando expectación en el mundo entero, un dirigente de tendencia marxista llegaba al gobierno a través de la vía electoral.

Salvador Allende inició con su gobierno una experiencia compleja y única para aquel entonces: transitar mediante elecciones hacia el socialismo en el marco de una sociedad burguesa, la llamada “vía chilena al socialismo”. Allende, junto a un grupo importante de sus seguidores, estaba convencido de que el socialismo podía construirse en forma pacífica, superando las ataduras de la institucionalidad dominante y el carácter desigual de la estructura de clase, apoyado en la fuerza popular organizada socialmente y apelando al supuesto patriotismo de los sectores medios y constitucionalista a nivel político y militar, donde erróneamente se quiso salvaguardar este proyecto. En este sentido, fue significativo que una de las pocas leyes aprobadas en el parlamento fuera justamente la nacionalización de la gran minería del cobre.

Como era de esperarse, el programa revolucionario de gobierno popular despertó una agresiva oposición de parte de los sectores privilegiados y pro-imperialistas, tanto en el interior del país como a nivel internacional. En medio de un contexto en que prima la política de Guerra Fría, el gobierno norteamericano decidió utilizar todas las armas necesarias con el objetivo final de derrocar al gobierno chileno.

Durante 1972, impulsados por la derecha y la Democracia Cristiana, diversos gremios paralizaron sus actividades; entre ellos, la locomoción colectiva y el transporte de carga. El desabastecimiento de artículos de primera necesidad, el sabotaje a la infraestructura productiva, el accedió a la base social del gobierno y los persistentes rumores de golpe militar, crearon en la población una sensación colectiva de incertidumbre, un ambiente donde se oyeron fuertes críticas a la conducción de los partidos de la Unidad Popular, quienes dominados por el legalismo, cayeron en fatales contradicciones ante el avance de la sedición, siendo incapaces por sus concepciones y diferencias internas de organizar la defensa del proyecto desde los sindicatos, territorios y organizaciones sociales, lugar donde en definitiva estaba la fuerza del Gobierno Popular, dejando en manos de una minoría militar “constitucionalista” este rol revolucionario fundamental. Incluso hasta ahora, interesadamente se insiste en culpar a los “excesos” de la “extrema izquierda” por el fin abrupto del gobierno de Allende, sin mencionar la responsabilidad política de los sectores medios y socialdemócratas dentro del gobierno, muchos de los cuales luego del fin de la Dictadura volvieron del exilio a conformar la concertación de partidos que hoy gobierna, continuistas de la herencia política del pinochetismo, sus leyes, economía, e incluso algunas formas represivas para silenciar el descontento social.

El 11 de septiembre de 1973, el gobierno de la Unidad Popular fue derrocado por las Fuerzas Armadas y Carabineros con un violento Golpe de Estado; el Palacio de la Moneda, donde Allende resistió junto a sus más leales colaboradores, fue bombardeado. A todos sus cercanos les había advertido que él moriría en el lugar donde lo había puesto el pueblo, defendiendo su programa, el programa popular, patriótico y revolucionario que encabezó.